Seguramente soy la única persona del mundo a la que no le ha gustado este libro pero, lo siento, así es. Tres intentos me ha costado terminar Cien años de soledad. Y si lo he terminado es porque soy incapaz de dejar una historia a medias, por mucha pereza que me dé ponerme con ella.

Cien años de soledad

Compré este libro hace unos cinco años, antes de emprender un viaje a Colombia. Iba a pasar bastante tiempo en aquel país y me dí cuenta de que no había leído nada de García Márquez. No sabía cual de todos sus libros, considerados obras de arte, elegir así que me decanté por el más conocido. No había salido de la tienda cuando tres personas ya me habían expresado, sin yo preguntar, lo maravillosa que era la historia que en él se narra. Así que, con estas expectativas, me dispuse a devorarlo. Quizá ese fue el fallo, que todo el mundo me lo había puesto tan bien que me decepcionó.

Desde mi humilde punto de vista en Cien años de soledad no pasa nada, sólo los cien años. Es decir, es la historia de una familia de lo más peculiar a la que le suceden cosas muy extrañas, pero no tiene una intriga que te haga engancharte al libro. Además, su lectura se hace un poco pesada porque hay muchos personajes y casi todos se llaman igual por lo que, a veces, uno ya no sabe si el que habla es el hijo, el nieto o un fantasma.

Insisto en que seguramente la rara soy yo, pero si hay un libro que nunca recomendaría a nadie, sin duda, es este.

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