Nunca antes había visto tanta expectación en la presentación de un libro, expectación que, desde luego, no es proporcional a peso que tiene el autor en la literatura española. Pero Mario Vaquerizo tiene el don de gustar a la gente.

Una hora antes de que llegara a la sala dónde se celebraba el acto en la puerta ya había una cola considerable formada por personas de todo tipo y es que, tal y como el mismo dice, es una persona para todos los públicos.

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Agradecido y emocionado por la acogida del público Vaquerizo hizo gala de su incontinencia verbal (declarada) y habló de lo Divino y de lo humano. Eso sí, cuarenta minutos después de comenzado el acto todavía no se había nombrado Vaquerizismos, el libro que se presentaba. Aunque quizá eso fuese lo de menos.

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Tengo que admitir que acudí a este acto por pura curiosidad, buscando algún tema para escribir en el blog. Mis expectativas con la temática del libro, incluso con Mario Vaquerizo no eran muy altas. No me gustan la mayoría de los programas de televisión donde él sale, y su música no es que me vuelva loca, que además escriba me parecía una forma de aprovechar el tirón que tiene para seguir haciendo dinero. He de decir que me equivoqué. Es cierto que del libro se habló poco y que, por lo poco que se habló, este trata de su vida hecha espectáculo. Hasta ahí, ninguna sorpresa. Pero también es cierto que Mario Vaquerizo es un hombre al que da gusto oír hablar porque habla de la tolerancia y el respeto a los demás de una manera que te hace pensar. Tolerancia y respeto fueron las palabras más usadas en su discurso, que no fue parco en palabras, junto a otras como amistad, amor,… No sé si será una pose o si realmente práctica la forma de sentir de la que habla, pero hizo que me sintiera mal por haberle prejuzgado. No sé si leeré su libro o no, pero desde ayer mi visión sobre Mario Vaquerizo ha cambiado mucho.

 

 

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