Compré Riña de Gatos hace tres años en la madrileña estación de tren de Chamartín. Volvíamos de unas accidentadas vacaciones a Lisboa que terminaron con el coche parado en la cuneta de una autopista portuguesa en plena operación retorno. El seguro intentó alquilarnos un coche para poder llegar a Bilbao, pero no quedaba ni uno libre así que tuvimos que hacer el viaje en tren. Seís horas hay de Madrid a la estación de Abando de Bilbao, más las tres que tuvimos que pasar en la capital, tiempo de sobra para leer un libro.

En la tienda de regalos había muchísimos ejemplares que yo tenía ganas de leer sin embargo, de todos, me decidí por Riña de Gatos. Varios motivos me llevaron a tomar esa decisión, la primera de ellas práctica, el libro es de bolsillo, que bastante cargada iba yo ya, la segunda que se trata de un Premio Planeta, concretamente del 2010.

Riña de gatos

Sinopsis: Un inglés llamado Anthony Whitelands llega a bordo de un tren al Madrid convulso de la primavera de 1936. Deberá autenticar un cuadro desconocido, perteneciente a un amigo de José Antonio Primo de Rivera, cuyo valor económico puede resultar determinante para favorecer un cambio político crucial en la Historia de España. Turbulentos amores con mujeres de distintas clases sociales distraen al crítico de arte sin darle tiempo a calibrar cómo se van multiplicando sus perseguidores: policías, diplomáticos, políticos y espías, en una atmósfera de conspiración y de algarada. Las excepcionales dotes narrativas de Eduardo Mendoza combinan a la perfección la gravedad de los sucesos narrados con la presencia, muy sutil, de su conocido sentido del humor, ya que toda tragedia es también parte de la comedia humana.

Finalmente el viaje en tren fue más entretenido de lo que yo pensaba y no tuve opción de abrir Riña de Gatos. No ha sido hasta hace unos meses que lo rescaté de las baldas de mi biblioteca y me puse con él.

Tengo que admitir que ha sido mi primer libro de Eduardo Mendoza. A priori la trama me parecía muy interesante ya que me gusta la pintura y siento debilidad por Velázquez. Sin embargo, el libro no terminó de engancharme. Es una lectura entretenida, de eso no hay duda, y la inclusión de personajes reales de la política española dentro de la historia de ficción resulta bastante acertada. Pero hay algo que le falla, algo que impide que que no puedas parar de leer hasta llegar a la última página o hasta que se te caigan los ojos al suelo.

Es una lectura que puede estar bien si tienes por delante 6 horas de tren, pero no es el tipo de historia que yo escogería para pasar mis horas de ocio en el salón de mi casa.

 

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