Cuando empecé a leer este libro, hace ya unas semanas, pensé que sería fácil hacer la reseña. Hacía mucho tiempo que una historia no me emocionaba tanto. Sin embargo, ahora que me pongo frente al papel, me resulta muy complicado plasmar todos los sentimientos y las emociones que esta novela ha despertado en mí.

La lengua de los secretos es uno de esos libros que te engancha y no te deja vivir hasta que lo terminas y, sin embargo, al leer la última página sientes un vacío en la boca del estómago, sientes una ausencia.

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Sinopsis: Basada en hechos reales, La lengua de los secretos narra la Guerra Civil desde un punto de vista muy original: el de Martintxo, un niño de diez años que nos ofrece una fantasia entre rural y mágica. Martin Abrisqueta nació en un queso: su Arrigorriaga natal estaba perforada por las minas que llevaron a tanta gente a trabajar a una tierra donde sus habitantes aún cuidaban vacas y hablaban la lengua de los secretos. Siendo aún niño, verá como también la guerra perfora su pueblo con las bombas de los pilotos alemanes. Pero el, que no tiene miedo y no corre a esconderse en el refugio, llega a conocer a uno desde el aire. Hasta que, separados de sus padres, debe ponerse al frente de sus tres hermanos y huir de la devastación; primero a Santander, con un hambre tremenda, mezclados con los refugiados que llegan de toda España huyendo de los rebeldes. Los cuatro hermanos deben embarcarse en Asturias rumbo a un pueblito de los Alpes franceses, ya como niños de la guerra.

La lengua de los secretos está narrada con la frescura de los ojos de un niño aunque el relato trate uno de los temas más duros que se pueden vivir, una guerra. En concreto la guerra civil española en tierras vascas. Cuando empecé la novela creí que la ubicación de la misma sería importante a la hora de determinar si me gustaría o no, pero lo cierto es que una guerra es una guerra en cualquier parte. En este caso se cuenta cómo lo vivió una familia vasca, pero de igual manera se vivió en Andalucía, Segovia o Burgos. Los niños son niños en todas partes y el horror tiene la misma cara viva donde viva.

 

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