El castillo de diamante, que se ha presentado esta tarde en Bilbao, cuenta la tormentosa relación entre estas dos mujeres, una relación que nace cuando la Princesa de Éboli encarga a la religiosa que funde, bajo su patrocinio, un convento en Pastrana. A partir de ese momento las personalidades de ambas chocarán hasta convertir dicha empresa en todo un suplicio para ambas.

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Antes de iniciar la lectura de esta novela, Juan Manuel de Prada nos aconseja deshacernos de los tópicos con los que se mira hacia el pasado. Tópicos que presentan a estas dos mujeres como mujeres adelantadas a su época, pero que para el autor no lo son en absoluto.

De Santa Teresa de Jesús, de Prada afirma que no podría haber realizado su reforma religiosa en otra época que no sea bajo el reinado de Felipe II, valedor del Concilio de Trento, y ferviente defensor de acabar con las intromisiones del Papa en la política de su país.

El castillo de Diamante

De la Princesa de Éboli, malvada por excelencia en la historia de España, el autor dice que, si bien era una mujer ambiciosa, no es menos cierto que lo era igual que la mayoría de las Nobles de su época, sin destacar, al menos por este motivo, entre sus coetáneas.

La mala relación que existió entre ambas mujeres está documentada en los escritos que han llegado a nuestros días, si bien el motivo de ésta no se conoce. Juan Manuel de Prada lo explica desde la envidia que siente la Princesa hacia la espiritualidad de Santa Teresa, una espiritualidad que pasa por renunciar a todo lo mundano, un sacrificio que ella no es capaz de hacer. A partir de esta envidia se teje la trama de esta novela.

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